Numerosos edificios institucionales y monumentales de
toda España se han sumado a la iniciativa 'La Hora del Planeta' y han quedado a
oscuras entre las 20.30 y las 21.30 horas, para luchar simbólicamente contra el
cambio climático. Por sexto año consecutivo, cientos de miles de personas de
todo el mundo, empresas, gobiernos y centros educativos han apagado la luz
durante una hora en un gesto colectivo que llama la atención sobre la necesidad
de ahorrar energía para luchar contra el calentamiento.
Los organizadores de la iniciativa, el Fondo
Mundial para la Naturaleza (WWF), esperan con esta manifestación social
presionar a los gobiernos para que avancen con políticas concretas en la
protección del medio ambiente y la lucha contra el calentamiento global.
Más de 100 países de todo el mundo -Libia, por primera
vez- se han adherido a La Hora del Planeta y han dejado a oscuras sus edificios
más emblemáticos, como la Torre Eiffel, en París, el Enpire State, en Nueva
York, o la Opera de Sidney. En España, la iluminación ha desaparecido de la
fachada de La Alhambra, el museo Guggenheim, la Sagrada Familia, el Palacio
Real de Madrid o la Mezquita de Córdoba.
Una 'llamada de atención'
"Eso es precisamente lo que queremos decir a
España y al mundo: hay que salvar el planeta, se necesitan medidas
contundentes y urgentes en la lucha contra el cambio climático", ha
declarado Mar Asunción, portavoz de Cambio Climático de WWF, que en Madrid ha
organizado un mosaico humano de un panda para dar el pistoletazo de salida a la
celebración en España de la iniciativa.
"La hora del planeta es solamente una llamada
de atención para que la ciudadanía exija a políticos y empresarios que tomen
medidas para alcanzar un acuerdo global, ambicioso y vinculante que frene
el calentamiento. Es posible y todos podemos", ha añadido. "En esa
batalla [contra el cambio climático], cada uno de nosotros somos una pieza para
cambiar las cosas, y construir algo nuevo y diferente", aseguró.
En este sentido, "es crucial que todos
actuemos en nuestro día a día para ahorrar energía, y para reclamar a
nuestros gobernantes que tomen medidas de lucha contra los efectos del cambio
climático", aseguró el secretario general de WWF, Juan Carlos del Olmo,
también presente en el acto
Además, como cada año, la ciudadanía también está
apoyando la campaña de WWF y 8.500 personas ya han apagado sus bombillas
virtuales en la "horadelplaneta.es". WWF también ha lanzado una
aplicación en facebook para que los ciudadanos elijan sus compromisos
ambientales y reten a sus amigos a participar en La Hora del Planeta.
Algunos de estos compromisos son no usar el coche para
distancias cortas, no poner el lavaplatos hasta que esté lleno o usar bombillas
de bajo consumo. Otros retos se refieren a eliminar el consumo fantasma del
stand by de los aparatos eléctricos, bajar la calefacción a 21 grados y
aprovechar al máximo la luz natural.
El planeta ha pasado ya el punto crítico de no retorno camino del cambio
climático. Poca gente quiere reducir su consumo de energía, y el nuevo gobierno
español lo quiere aumentar: Se está planteando aumentar el límite de velocidad
en las carreteras (circular a 150 kmh disipa un 56% más de gasolina y emite un
56% más de CO2 a la atmósfera que circular a 120 kmh) y sacar petróleo del mar
canario.
¿Es necesaria la disipación de energía para una vida de calidad? ¿O
realmente podemos aumentar nuestra calidad de vida reduciendo la disipación de
energía?
Un ejemplo: Desde 1950 los radiadores de las viviendas españolas están
colocados en rebajes de los muros externos de las habitaciones y sin
aislamiento entre radiador y muro. Hemos tirado, literalmente tirado,
aproximadamente un tercio de la energía que hemos utilizado para calentar las
casas desde hace 60 años, y consecuentemente, el dinero en ello empleado. La
calidad de vida es la misma si el radiador esta delante de un muro de 30 cm que
delante de otro muro de 10 cm.
De la misma manera, en un viaje de 300 km, ir a 120 kmh supone un tiempo de
viaje de 2.5 horas, ir a 150 kmh, 2,00 horas, un ahorro de 30 minutos.
Ahorramos un 20% en el tiempo, para un aumento del 56% en la disipación de
energía y de dinero tirado. Parece tonto tirar dinero para ésto.
La hora del planeta es una llamada a tomar conciencia de las tonterías que
hacemos con nuestro bolsillo y nuestros recursos, para no conseguir nada
positivo.
En Valencia, el Museo de la Ciencia gasta 6000 euros al día en aire
acondicionado, mas de dos millones de euros al año, por no haberse diseñado con
láminas reflectantes y ventilaciones adecuadas. Un buen diseño hace inútil el
aire acondicionado, en edificios públicos y en las viviendas privadas. Un buen
diseño es capaz de ahorrar la mitad de la energía que disipamos hoy calentando
nuestros edificios.
El transporte público disipa alrededor de 1/3, un tercio de la energía que
disipan los 50 coches que transportan a los mismos viajeros que cada autobús.
Pero se utiliza poco, pues está diseñado para los pobres: No se sabe cuando
llega a las paradas, que son gélidas en invierno y un infierno en verano. Y los
autobuses son un prodigio de incomodidad. Un trayecto desde mi vivienda a un
estudio en Villanueva del Pardillo o Alcalá de Henares supone 40 minutos en
coche y 2 horas entre autobuses y Metro.
Un diseño adecuado del transporte público en las ciudades (por ejemplo, en
Madrid) de forma que se prefiriese, sin obligación pero con gusto, al
transporte privado, ahorraría la mitad de la gasolina y al menos 1/3 del
gasóleo que se disipa en España.
En España recogemos naranjas de árboles en Sevilla, las transportamos a
Madrid y las vendemos de nuevo en Sevilla, y el transporte se hace en camiones.
Una organización racional de la distribución de mercancías implicaría la
anulación de la disipación inútil de energía en viajes de ida y vuelta, y la
realización de los viajes realmente necesarios vía ferrocarril, que es, al
menos, el doble de eficiente que los camiones, aunque no sea más que por la
razón de que cómo los trenes no pueden subir cuestas se realizan sus trazados
de manera que vayan a nivel.
Al menos el 50% de las 'reuniones de negocios' para las cuales se utilizan
los aviones se pueden realizar mediante video-conferencia, ahorrando cantidades
ingentes de combustible y tiempo y, no digamos, de dinero. Pero aún seguimos
utilizando los aviones para ese tipo de reuniones (que nos bajan casi a cero la
calidad de vida).
Tenemos ya poca energía fósil para alimentar a cada vez mas personas
ansiosas de emplear energía en sus vidas. Y la energía fósil genera cambio
climático, y con él, movimientos migratorios masivos.
La hora del planeta nos da la oportunidad de pensar cómo podemos conseguir
lo mismo, o más de lo que queremos, con una disipación mitad de la energía
necesaria, y claro, con un gasto económico mitad del que hoy hacemos, muchas
veces para nada.
Estas cosas, y otras aun mas interesantes, las estudiamos en el Master de
Clima, Energía y Riesgo Ambiental de la la Universidad de Alcalá.

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