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miércoles, 29 de mayo de 2013
sábado, 2 de junio de 2012
¿Cuánto estás dispuesto a pagar por el efecto placebo?
El efecto placebo es uno de los procesos relacionado con la salud más difícil de explicar. Su relevancia está en discusión, y los mecanismos para potenciarlos también están sobre la palestra. Cada vez que una persona con autoridad, ya sea médico, personal sanitario, farmacéutico, etc., emite un veredicto y prescribe una solución entran en marcha una serie de mecanismos mentales en el enfermo, desconocidos hasta la fecha, que pueden generar una respuesta positiva, negativa o nula dependiendo del paciente.
Se ha demostrado que en determinadas circunstancias la actitud del paciente influye en el tratamiento. Hay quien relaciona esta actitud con una respuesta celular reparadora, pero a día de hoy el mecanismo molecular es completamente desconocido. Hasta que no sepamos más sobre este fenómeno, las terapias no pueden centrarse poderosamente en ellas, ya que antes nuestros ojos (o al menos es lo que las estadísticas dicen) su efecto es incierto, y desde el punto de vista del observador azaroso.
En relación con este fenómeno las medicinas pueden clasificarse en:
(i) Aquellas medicinas con una diana molecular conocida, o lo que es lo mismo, se sabe cuál es su mecanismo de acción, y además se ha hecho ensayos de toxicidad y que se han probado en grupos de pacientes para conocer su efectividad comparándolas con un grupo que han creído recibir ese medicamento, con lo que los resultados obtenidos han sido debidos al placebo. Muchos de las medicinas producidas por la industria farmacéutica entrarían en este apartado.
(ii) Aquellas medicinas para las que conocemos su diana molecular, en ensayos de laboratorio (“in vitro” sobre cultivos celulares o en animales de experimentación), pero nunca han sido testadas en pacientes. O en el caso de haber sido testadas se ha hecho en casos aislado que permiten decir “a mi me funciona” o “a mí no me funciona”, pero no se pueden extraer conclusiones estadísticas. Además se desconoce en estos casos cuál es el papel del efecto placebo. Aquí entrarían muchos de los llamados remedios naturales, con componentes terapéuticos reconocidos, pero que no han sido probados en ensayos reglados con muestras de pacientes. Debido a que se conoce su falta de toxicidad a las dosis habituales y se presupuesto un efecto beneficioso de sus componentes químicos, se permite su administración como suplementos alimenticios.
(iii) Aquellas medicinas autoproclamadas como métodos alternativos que nadie tiene idea de su mecanismo de acción, pero que son publicitadas bajo una jerga sin la menor base científica (e incluso contradiciendo conocimientos científicos establecidos desde hace siglos) en las que las palabras holístico, energía y ortomolecular se repiten a cada momento. Nadie ha hecho jamás pruebas reglada de su validez, y dado que los fundamentos en los que se basa son una patraña, se eficacia (el “pues a mí me funciona”) parece más basado en efecto placebo o en que la persona que lo prueba no tiene ninguna problema de salud previo.
En este sentido y con respecto al punto (iii), no hace mucho en un foro de par biomagnético una comentarista se quejaba porque a ella esta terapia no le había hecho nada, seguía con el mismo problema con el que inició el tratamiento. La respuesta del promotor de esta terapia no dejaba lugar a dudas:
Pues lamento que no te haya funcionado. También he detectado que tu manera de pensar respecto a la terapia -bastante escéptica- puede anular cualquier posible efecto beneficioso que tenga.Vamos, lo mismo que dicen los curanderos, o tienes fe en ellos o la terapia por sí misma no funciona. ¿Cuánto dinero estás dispuesto a pagar ante gente que se apunta para sí las curaciones (si se obtiene alguna) y te responsabiliza de tu falta de fe si no te curas? ¡Brujos del siglo XXI!
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